La vida en Tacomepai

Los últimos cinco días han sido un soplo de aire fresco y un punto y seguido en nuestro viaje. Hemos descubierto que nos hacía mucha falta y ahora retomamos la ruta con fuerzas renovadas.
La culpa de todo la tiene un maravilloso lugar llamado Tacomepai. Esta granja orgánica ocupa un terreno amplio y arbolado a 6 kilómetros de Pai, en la zona norte de Tailandia, conectado con Chiang Mai por una larga carretera entre montañas, llena de curvas. El sonriente y encantador Sandot ha creado aquí un refugio perfecto, que respeta y cuida la naturaleza ofreciendo al mismo tiempo comodidades alucinantes, como duchas de agua caliente, Internet y luz eléctrica. El agua cae desde el tejado hasta un tronco de árbol que hace de lavabo, una palanca escondida pone en funcionamiento la fuente de bambú con agua potable y bajo una tapita aparece el interruptor de la luz. Los platos y vasos y cucharas y hasta las bolsas de la compra son de bambú y la cocina, de leña.
Tras un recorrido boquiabierto por la zona con Sandot como guía, te instalas en alguna de las cabañas y empieza tu nueva vida.

En Tacomepai puedes descansar y leer tranquilamente en los bancos balancín de la escuela durante horas (quizás decidas ordenar la pequeña biblioteca y encuentres un libro sobre el karma que te descubra la gran lógica del budismo), puedes sumarte a un viaje imprevisto a un festival de artes manuales y música o a los manantiales de agua caliente para rebozarte en barro y cocer huevos en el mismo río (igual resulta que con las hierbas que recoges en la ribera Sandot prepara un arroz delicioso para cenar). Puedes acurrucarte con frío por la mañana mientras canta el gallo, lavar la ropa con la bici-lavadora y regar el jardín de paso, hacer autoestop y acabar viajando en una camioneta entre mercancías hasta Pai y pasar allí el día, asomándote a algún templito y colándote en el jardín de un hotel para tumbarte en las hamacas junto al río.

También puedes sumarte a cualquier labor de la granja, aprender a abonar un campo de arroz con compost y hojas secas, recoger madera para leña, cortarla y luego cocinar en una cazuela de hierro, pintar la nueva cabaña de reuniones, reparar la pared de la sauna de barro… y descubrir que tienes agujetas en músculos desconocidos.

Pero, sobre todo, en Tacomepai tienes que pasar un rato contigo mismo y sentarte junto al fuego por la noche con todos los demás, charlar y reirte y compartir historias, mirar ese cielo increíble lleno de estrellas, tocar al ritmo de alguna canción aunque no sepas… En definitiva, disfrutar un poco de la vida sencilla, de la felicidad de las cosas pequeñas, recordar por qué viajas y qué se siente. Y, luego, con esa mezcla extraña de pena y alegría, despedirte y coger la mochila y prometerte que algún día volverás aunque no sepas cuándo ni cómo. Pero seguro que sí, Sandot. Y gracias, gracias por todo.

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La vida en Tacomepai

6 comentarios en “La vida en Tacomepai

  1. Sergio (TERRI) dijo:

    Jo, si hubiera sabido que os gustaba este tipo de vida tranquila y rural, en lugar de patearos medio mundo para descubrirlo le podrías haber dicho a Josemi que os deje la llave de la casa de TREGUAJANTES (a unos 40 km de Logroño city)…….. por cierto todavia me acuerto de lo bien que nos lo pasamos en SAN ANDRES (……… y lo mal que cantas Dieguito…….jejejejejejeej)

    Me gusta

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