Etapa 31. Entre lagos y glaciares hacia el sur de Argentina

19-27 de noviembre

Todo el país es impresionante por sus paisajes, pero el sur de Argentina es uno de esos lugares únicos que te dejan con la boca abierta. De hecho, en todos estos meses de viaje, sólo esta zona che se acerca a la belleza deslumbrante de Nueva Zelanda.

SAN CARLOS DE BARILOCHE
Situada a orillas del precioso lago Nahuel Huapi, esta ciudad tranquila de aire alpino que todos abrevian como Bariloche nos recibió con fresquito y sol. Estábamos cansados así que dimos pocas vueltas para encontrar hostel y en un par de horas nos organizamos para comprar, cenar y preparar una excursión para el día siguiente.
A las 8 de la mañana salíamos rumbo a los siete lagos. Toda esta zona, a los pies de la cordillera de los Andes, está repleta de grandes lagunas procedentes del deshielo. Es una maravilla recorrer los caminos que los separan, entre bosques de arrayanes y coihues, flores amarillas, rosas y moradas. Pero, además, desde hace unos meses el recorrido supone una lección de geología y otra de humildad ante la fuerza de la naturaleza, tan capaz de destruir y regenerarse ante los ojos de los atónitos, débiles y diminutos hombres.

El 4 de junio de este año el cielo se oscureció a las 4 de la tarde y toda la zona de Villa La Angostura hasta Bariloche quedó cubierta de cenizas y piedras volcánicas (algunas del tamaño de aceitunas) expulsadas por el volcán Puyehue, situado a varias decenas de kilómetros, en Chile. Aún hoy las blanquecinas cenizas cubren parte de algunos lagos, el terreno, las casas y coches, los árboles, a las vacas y a los humanos. Hay momentos en los que ‘nieva’ cenizas. Y, aunque todas estas partículas y restos no parecen suponer ningún problema para las plantas (de hecho pueden ser hasta beneficiosos), nadie está tan seguro en el caso de las personas. De momento, los habitantes de la zona han hecho (y siguen haciendo) un esfuerzo terrible por recuperarse, y limpian sin parar calles y jardines, en una labor infinita. Basta ver la localidad más afectada -Villa La Angostura, donde se acumulan los montones de sedimentos- para comprender cómo tuvo que quedar tras la erupción.

Ya siguiendo el camino hacia San Martín de los Andes, otro pueblo precioso de madera y piedra, atravesamos los parques nacionales de Nahuel Huapi y Lanin y vimos los siete famosos lagos: Espejo, Correntoso, Escondido, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar. A cada cual más bonito e impresionante y cada uno con su propia personalidad y colores diferentes, entre el esmeralda y el azul cielo.
Tras la jornada de excursión, al día siguiente, 21 de noviembre, tocó… celebración 🙂 Era el cumpleaños de Diego, así que tuvimos desayuno especial con tarta, regalitos, cerveza artesana para brindar y descanso al calorcito del hostel. Fuera el viento patagónico rugía con ganas y te llenaba de cenizas el pelo, las orejas y hasta la boca si te descuidabas. Así que pasamos el día tan a gusto en nuestro refugio y sólo salimos para comprar el billete del siguiente bus eterno: 27 horas a El Calafate.

EL CALAFATE
Otro pueblo junto a un lago, en este caso el Lago Argentino, más turístico que Bariloche y también más frío (aunque hubo poco viento y eso nos salvó de la congelación). Como en Bariloche, el primer día fue de organización. Y, mientras reponíamos fuerzas del largo viaje con una paellita casera a lo pobre, decidimos que al día siguiente nos haríamos un trekking por el Perito Moreno y el próximo, otro por El Chaltén.

Habíamos visto glaciares en Nueva Zelanda y nos encantaron. Pero nada podía prepararnos para el increíble Perito. No hay adjetivos suficientes para describir esa enorme masa de hielo blanco y azul llena de grietas y montañas picudas que te hace sentir tan pequeño, y que de vez en cuando cruje como si el mismo cielo se rasgase y lanza pedazos enormes que quedan flotando a la deriva entre olas de agua polvorienta.
Y luego está esa posibilidad casi impensable de pisarlo, ese privilegio… Tiene algo de místico y de sacrílego poner un pie en un lugar… en un ser con alma como ese. Una criatura llegada desde silenciosas cumbres, que se mueve, crece, se retuerce y cambia, arrastrando árboles y montañas a su paso.

Así que te subes al barco con cautela, te acercas poco a poco a la gran lengua y ya no puedes apartar los ojos de ella. Y cuando te calzas los crampones lo haces con el mismo respeto con el que te quitas los zapatos para entrar a un templo budista, y pones el pie en el hielo con delicadeza, como si recorrieses una de esas bibliotecas enormes de techos altos y suelos ruidosos.
Una vez dentro, lo vertical y lo horizontal se confunden porque no hay transiciones. El paisaje comienza veteado por tierra negra y va siendo cada vez más inmaculado, con manchas azules que van del turquesa al añil, según la luz y el capricho del gigante. Subes y bajas lomas de nata, cruzas arroyos de agua transparente y fondo cobalto, te asomas a sumideros que parecen no tener fin y acabas fundiéndote con el dios glaciar bebiéndote su hielo. Desde ese momento, ya no te librarás nunca de su espíritu, sois uno para siempre.

Si la visita al Perito Moreno fue como ascender a los reinos de un ser mitológico, El Chaltén nos devolvió a la tierra madre más amable, la que crea amplios valles fértiles donde todos los arroyos son potables y bosques de ñires barbudos que huelen a resina y suenan a pájaros y a viento. Hicimos una caminata de casi cuatro horas por el monte siguiendo el curso del Río de las Vueltas, con unas vistas impresionantes de un valle digno de la Tierra Media, hasta llegar a la laguna Capri y un mirador cercano. Desde ambos se puede vislumbrar, entre nubes, el impactante cerro Fitz Roy. Aquí el aire es helado y trae desde las cumbres pequeños copos de nieve que bailan a tu alrededor.
Con los músculos cansados pero el espíritu extrañamente ligero tras tantas emociones, la madrugada del 27 de noviembre reemprendíamos nuestro periplo sobre ruedas. Esta vez nos iba a llevar tan lejos… que ya no habría carreteras más allá.

Abajo podéis ver un vídeo de nuestra visita al Perito Moreno.
Y hay más fotos de Argentina en nuestro álbum de Flickr, aquí.

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